martes, 8 de enero de 2008

REBUZNOS

Basado en texto de Juan fernández Sierra, La acción docente y psicopedagógica en secundaria desde las diversas opciones curriculares.

La lectura del texto me ha sugerido una idea que he querido plasmarla en forma de cuento así que espero que os guste.
En una pequeña finca en una zona rural del norte de Salamanca se madruga antes de que el sol se ponga. Hay muchas cosas por hacer y a partir del medio día el calor se hace insoportable.
Esa mañana los tres hijos de Bonifacio Martinez salieron a cuestas de su viejo carro. A ellos también se les conocía en el pueblo por el mismo nombre, los Bonifacios. Tenían fama de usureros y se ganaban la vida con la venta de ganado y la siega de cereal de temporada.

La luna en lo alto dibujaba una especie de ojo de buey en el barco inmenso de la noche. Matías el más mayor de los hermanos reparó en ella diciendo:
- Mientras muchos creen que la luz del sol rebota en la superficie de la luna, dejándonos ver lo que su superficie representaría, yo digo que es al revés.La luz del sol sólo ilumina lo que la luna refleja del que la está mirando en ese momento.
-Tonterías- dijo Fermín- yo veo manchas.
Pedro, el más pequeño de los tres y con la conciencia puesta en cómo suelen acabar estas conversaciones, medió entre ambos diciendo:
- Papá siempre nos dijo que lo que la luna dejaba ver era la imagen de la virgen montada en un burrito.
- Yo nunca escuché a Papá decir esas sandeces- dijo Fermín- entonces puestos a decir tonterías lo que se ve en la luna es un conejo con un palo y un perro sentado. Y no acepto otras versiones. Habrase visto.
Trabajaron duro durante todo el día. De regreso a casa, la caída del sol dió paso a la luz de una luna llena que se colaba como por una puerta entreabierta hacia una habitación en penumbras.
-Deja el burro suelto- dijo Fermín- que coma bien y se reponga para mañana que cada día se está volviendo más haragán.
Calcetines placía tranquilamente por el prado pensando en todo lo que sus dueños decían ver en la luna. Envuelto en sus pensamientos e hipnotizado como por un péndulo estático en las inmensidades del cielo, observaba como la luz proyectaba una sombra alargada que parecía ser más la de cualquier otro animal que la suya propia.
Su nombre se lo habían puesto porque tenía la parte inferior de las patas de color blanco y el resto de un marrón oscuro.
De repente vió algo sorprendente, algo que paralizó el lento y pausado masticar. Como quien suelta un imperdible, Calcetines presenció como la luna , en la que fijaba su mirada intentando rescatarle algún misterio, se desprendió del cielo para perderse entre la espesura de los árboles de detrás de la casa.
Calcetines corrió hacia el lugar y cuando llegó se encontró que la luna se había caido en el agua sumergiéndose de una orilla a otra. Se agitaba dejándose llevar por la corriente y calcetines orilla abajo la seguía de cerca. Tanto fue su caminar juntos que cuando el animal levantó la cabeza vío que se había alejado varíos kilómetros del establo. Con la marcha de la luna entre las aguas la noche quedó completamente cerrada.
Desorientado y llevado por el miedo emprendió un trote ligero por donde el camino más libre de maleza y escobas se hacía.
Pensaba que no encontraría jamás el camino de regreso y el temor de ser deborado por los lobos le hacía trotar aún más rápido. De repente, el suelo se desvaneció entre sus pezuñas. Sintió como su cuerpo flotaba en el aire. Su cabeza golpeó con un enorme terruño y su cuerpo se deslizó hasta llegar al fondo de un viejo pozo sin agua. Al cabo de un rato Calcetines se despertó. Tardaron en acostumbrase sus ojos a la oscuridad y poco a poco fue tomando conciencia de donde se encontarba.
-Bueno, aquí por lo menos no bajarán los lobos a comerme.
Matías se despertó a las cinco de la mañana como acostumbraba e hizo lo mismo con sus hermanos. Cuando llegaron a asomarse a la cerca vieron que Caracoles había desaparecido:
-¿Se puede saber que hiciste con el animal ayer?- dijo a Fermin-
- No me hables a mi de eso, la culpa es tuya por no ponerle una valla en condiciones.
- No sé porque habría que hacerlo ahora cuando nunca le ha hecho falta.
- Quizás alguien lo tomó prestado porque lo necesitó para la siega-dijo Pedro-
Ambos le miraron con cara de incredulidad.
- Tú siempre tan ingenuo- le dijo Fermín.- ¡Tu mundo es una magdalena gigantesca recubierta de gente bondadosa!
- ¡Bueno, ya esta bien!- Dijo Matías- lo que esta claro es que ese animal no se lo ha llevado nadie y que algo raro ha debido sucederle.
- Quizás haya ideado un plan de fuga durante 25 años, o quizá la dieta no le gustaba por no ser demasiado variada -dijo Fermín-
- Vamos déjate de tonterías y salgamos a buscarle antes de que se lo coma cualquier animal por ahí. Así que engancha el caballo al carro.
Recorrieron toda la dehesa palmo a palmo, sin rastro de él. Eran la una del mediodía y el sol apuntaba en lo más alto. Entraron en una pequeña alameda en busca de sombra.
Calcetines que se mantenía en su letargo, oyó entre sueños la voz de su amo. La oía en su lejanía como poco a poco se iba acercando y haciéndose más clara hasta convertirse en la voz nitida de Matías que asomado a la boca del pozo buscaba el cubo para poder subir algo de agua para beber.
Calcetines se alzó sobre sus patas y comenzó a rebuznar.
Matías se quedó paralizado por un momento ante la sorpresa,
- ¿Cómo diablos has llegado hasta aquí?. La vida te dió que llevamos varios años de sequía. Es la primera vez que me alegro en mucho tiempo por ello.
Sus hermanos llegaron corriendo:
-¿Cómo vamos a sacarlo de ahí?. Ese animal en 25 años ha comido más que toda nuestra familia juntos.
- No lo sé- dijo Matías- pero algo habrá que idear, no pienso dejarlo morir de hambre.
- Es viejo, apenas ara y gasta mucho más de lo que que produce. Es un gasto , lo mires por donde lo mires.
- ¡Mira! si quieres marcharte puedes hacerlo. Ese viejo burro y su padre han dado de comer ha mucha gente, así que no me parece un buen pago por su servicio.
- Podríamos avisar a papá para ver lo que piensa- dijo Pedro-. A él seguro que se le ocurre una buena idea. Aunque todo el día se pasa el diciendo que no sirve para nada y que algún día nos iba a traer la ruina.
- ¡Estáis sugiriendo que dejemos morir al animal como a un perro!-dijo Matías.
No, no, no, nada de eso sólo quería decir que será difícil encontrar gente que venga ayudarnos a sacarlo y además necesirtaremos un tractor y una polea. ¿A quién se lo pediremos?.
- ¡Muy bién!-dijo Matías- En ese caso y como ya le dáis por muerto, lo mejor será darle sepultura.
Se dirigió al carro y bajo una pala y un hazadón. Cogiendo la pala por un extremo se la ofreció a Pedro diciendo:
- ¡Vamos ! Tú eres buen cristiano, no dejarás a ese animal sin enterrar.
- ¡No por Dios, no podría hacer eso! ¡aún está vivo!
- Ya veo , pero tampoco eres capaz de hacer lo contrario. En ese caso hazlo tú -dirigiendose a Fermín.
- De buena gana sabe Dios que lo haría, pero no voy a malgastar mi tiempo en medio de este calor para darte placer. Así que si no os dejáis de tonterías desengancharé el caballo y os prometo que si no acabamos con esto de una vez me marcharé. No doy un real por ese animal y estoy cansado de arar como los prehistóricos.
- Bien en ese caso no me dejáis más opción que sea yo quien lo haga.
Se dirigió al borde del pozo y comenzó a levantar la arena con el hazadón. Después cogió la pala entre sus manos la clavo en la arena humeda y sin levantar la cabeza del suelo la lanzó al agujero.
La cara de horror de Predro contrastaba con la de Fermín que parecía disfrutar al ver a su hermano llevado por la ira.
Matías, que sentía la mirada de sus hermanos clavada en la espalda, aceleraba el ritmo, el cual solo detenía para asomarse de vez en cuando al borde del pozo.
- ¿Cómo va?- preguntó Pedro riéndose y sentado debajo de un árbol- ¿le llega ya la arena al cuello?
- ¡Eres un desalmado y un egoista y no tienes corazón!- Dijo Pedro.
- ¡vamos no me des clases de moral! Vienes del mismo agujero que yo y has comido la misma mierda, así que no te creas mejor. Si quieres hacer algo por mi puedes ayudarle y así tardaremos menos. Ya voy teniendo hambre.
Mientras tanto, Calcetines que sentía como la arena le caía encima se la sacudía del lomo y esta iba a parar al fondo. Al pisarla iba cogiendo consistencia y poco a poco iba apreciando la luz del día.
Al cabo de varias horas las orejas de Caracoles asomaban por el borde del pozo. Matías llamó a Pedro:
-¡Ven acá!, quiero que saltes ahí y le ates esta cuerda alrededor del cuerpo. Luego me ayudarás a tirar.
Pedro hizo lo que su hermano le dijo. Luego subió arriba y ambos tiraron del animal hasta que de un brinco Calcetinees salió a la superficie.
Estaba completamente magullado y apenas se tenía en pie así que decidieron subirlo al carro.
De camino a casa nadie habló. Se había hecho de noche y la luna que aún no tenia sueño mantenía su luz encendida. Calcetines la seguía con el rabillo del ojo muy concciente de que si se volvía a perder no sería él quien saliera a buscarla.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Porqué la inspiración del texto y de Rebuznos, lo dejas a nuestra interpretación?, me gustaría saber el procedimiento, qué te llevó a ello,…dónde está el orientador/a.. esperemos salir también del pozo……a pesar de seguir la luna